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Oración a San Pancracio para trabajo y dinero urgente

Oración para conseguir trabajo

Oración a San Pancracio para trabajo y dinero urgente

Oh San Pancracio
Rey de los pobres adoloridos
Guía de quienes sufren por problemas monetarios
En este momento, llamo tu nombre para manifestar mi petición
Para que apoyes tu Santa mano sobre mi
Y seas la luz que me desencadene de la oscuridad de mi alma

Te pido, Oh San Pancracio
Bajo el poder de Mi Dios Todo Poderoso, Creador del Cielo y de la Tierra
Que me ayudes a salir de este estado de intranquilidad emocional y espiritual
Pues me hayo afligido, sin posesión de las llaves que me permitirán abrir las puertas que llevan al cumplimiento de mis deseos

Oh Santo, me hallo en una enorme ola de desesperación
Por más que intento nadar para sacar a mi familia de la miseria
La corriente me arrastra y me aleja de mi camino
Se que solo Dios conoce el propósito de su voluntad
Y requiero de su auxilio en este duro momento de necesidad

Permíteme abrir los ojos, Oh San Pancracio
Ante la ignorancia que me dificulta la observación de las decisiones correctas
Te suplico tu ayuda en sabiduría, para que pueda enfrentar cada reto de manera inteligente y paciente
Se que solo quieres éxito para mi vida, por lo que pido tu guía para continuar realizando cada tarea que me ayude a conseguir el trabajo que tanto anhelo
Que me posibilite la obtención de ingresos financieros de manera justa y con plenitud

Oh San Pancracio
Conviérteme en un imán de abundancia y triunfos
Pues confío enteramente en tu benevolencia
Y se que me concederás las herramientas necesarias para llegar a la gloria
Tú que conoces mejor que nadie mis intenciones
Tú que sabes que busco sacar a mi familia del pozo y llenarlos de paz
Ayúdame, San Pancracio
Que todo se haga a voluntad de Nuestro Señor Jesucristo
Amén.

La historia de San Pancracio

PANCRATIO nació a finales del año 289 d.C., en Sinnada, una ciudad de Frigia, provincia consular de Asia Menor. Sus adinerados padres eran de origen romano: Ciriada, su madre, murió al dar a luz, y Cleonia, su padre, lo dejó completamente huérfano a los ocho años.

A la muerte de Cleonia, ésta confió a Pancracio a su tío Dionisio, pidiéndole que se ocupara de su educación y de la administración de sus bienes.

Tanto Pancracio como Dionisio llegaron a Roma para vivir en su villa patricia del monte Celio. Pronto conocieron a la comunidad cristiana de Roma y pidieron ser iniciados en la fe cristiana.

El descubrimiento de Dios y de Cristo

El descubrimiento de Dios y de Cristo inflamó tanto el corazón del joven y de su tío que pronto pidieron el bautismo y la eucaristía.

Entretanto, estalló la persecución de Diocleciano, que pronto se reveló como la más atroz de todas las anteriores soportadas por los cristianos.

Era el año 303 d.C. El terror de la persecución, que había comenzado en las provincias del Imperio Romano, llegó también a Roma, segando inexorablemente a toda persona que hubiera negado el incienso a los dioses romanos o al propio emperador divino.

Pancracio fue llamado al sacrificio

También Pancracio fue llamado al sacrificio, para expresar su lealtad a Diocleciano, pero, tras su constante negativa, fue llevado ante el propio emperador para ser juzgado.

Diocleciano, sorprendido «por su atractivo y belleza juvenil, utilizó todas las artes de las promesas y amenazas para hacerle abandonar la fe de Jesucristo» (de un manuscrito conservado en la Basílica).

La constancia de la fe de Pancracio sorprendió a Augusto y a todos sus cortesanos presentes en el interrogatorio, despertando al mismo tiempo la indignación del emperador, que ordenó la decapitación del intrépido joven.

Conducido a las afueras de Roma

Conducido a las afueras de Roma, por la Vía Aurelia, mientras el sol poniente teñía de púrpura aquella tarde de mayo y la oscuridad caía densamente sobre el templo de Jano, Pancracio ofreció su cabeza al indeciso verdugo, devolviendo su vida a Dios. Era el 12 de mayo del año 304 de la era cristiana.

Octavilla, ilustre matrona romana, tomó la cabeza y el tronco del cuerpo y, ungiéndolos con bálsamos y envolviéndolos en lino precioso, los depositó en un nuevo sepulcro, cavado a propósito en las catacumbas ya existentes de su predio.

En el lugar de su martirio se lee todavía hoy: «Hic decollatus fuit Sanctus Pancratius» (Aquí fue sacado de la tierra San Pancracio)».

Posteriormente, la cabeza del mártir fue encerrada en el precioso relicario que se venera en la Basílica. Los restos del cuerpo, en cambio, se conservan en la urna bajo el Altar Mayor con las reliquias de otros mártires.

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