
Oración al Niño Jesús
¡Seca, Niño Jesús, las lágrimas de los niños!
¡Acaricia a los enfermos y ancianos!
Exhorta a los hombres a deponer las armas
¡y se unan en un abrazo universal de paz!
Invita a los pueblos, Jesús misericordioso
a derribar los muros creados por la miseria
y el desempleo,
por la ignorancia y la indiferencia,
por la discriminación y la intolerancia.
Eres tú,
Divino Niño de Belén,
quien nos salva, liberándonos del pecado.
Tú eres el verdadero y único Salvador
que la humanidad busca a menudo a tientas.
Dios de paz,
don de la paz para toda la humanidad,
ven a vivir en el corazón de cada hombre
y de cada familia.
Sé tú nuestra paz
y nuestra alegría.
Amén.
Juan Pablo II
Tú eres la luz que ilumina el mundo
Para los que no creen
para los ateos y los indiferentes
Que en sus vidas
descubran los signos del amor
y de la presencia de Dios, te lo pedimos.
Por los jóvenes y por todos aquellos
que buscan el sentido de su vida
para que en el testimonio de los creyentes
encuentren un signo que les conduzca al Señor, oremos:
Por los que sufren,
por las familias que atraviesan momentos difíciles
para que en el Señor encuentren fuerza
y luz de esperanza, oremos.
Consuélanos, Señor,
a tu pueblo y responde
nuestras oraciones.
Envíanos a Jesús Salvador
para que él reúna a todos los hombres
nos libre de toda tristeza
e ilumine nuestros corazones.
Él, que es Dios y vive y reina contigo
y con el Espíritu Santo
por los siglos de los siglos.
Amén.
Adoramos al Señor Jesús que vino al mundo
Oh Niño Jesús
tan esperado a través de los siglos y por la humanidad,
tan esperado también por nuestros pobres corazones,
te adoramos y te saludamos;
te expresamos en nombre de todas las criaturas
inmensa gratitud
por haber venido a salvarnos según la Divina Promesa.
Deseamos honrarte con toda la alegría
y entusiasmo de que somos capaces
y juntos clamamos:
Gloria, honor y bendición a ti, Verbo de Dios hecho carne.
Te adoramos y te alabamos, Hijo de Dios y de María Santísima;
te adoramos en tu extrema pobreza
te adoramos, Cordero de Dios venido para quitar nuestros pecados;
te adoramos, pan de vida, ven a darnos la vida verdadera;
te adoramos como partícipe de nuestras lágrimas,
por nuestras penas, para darnos la verdadera felicidad;
te adoramos, oh Dios hecho Niño,
a ti te cantamos »gloria en las alturas»;
te alabamos y te amamos con el corazón de María,
tu Santísima Madre, y de José, tu castísimo padre;
te amamos y te ofrecemos nuestros corazones
con todas las fuerzas del amor
que Tú nos has concedido
y te estrechamos a nuestros humildes corazones
con toda la fuerza que nos has dado;
te amamos, oh divina víctima del amor
que viniste a traernos la paz,
esperanza y alegría:
Oh Jesús, divino Niño,
todos los aquí presentes
te abrazamos gritando
Que nunca nos separen de ti.
Que así sea. Gloria al Padre…
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